Una vez más Andrea Juan sostiene su obra atravesada por el eje de la violencia. Pero la referencia se ha tornado cada vez más sutil, cabalga montada en la urgencia por el acto de salvar una vida, una obsesión por la emergencia y el peligro inminente es el telón de fondo de sus trabajos en los que una distancia afectiva impide la irrupción del dolor, apenas sugerido. Dos videos diferentes y complementarios proyectados en la sala generan un cruce de imágenes y sonidos inesperados manteniendo la unidad del concepto. La realidad que percibimos se bifurca al instalarse un simulacro visual. Surgen interferencias en la visión, el lente se ha vuelto opaco, se modifican también el ritmo y el sonido.
Nos trasladamos a varios países y ciudades europeas entre las que se reconocen Escocia, Alemania y Austria. La acción se inicia cuando un apurado conductor sube a una ambulancia e inicia un recorrido que compartiremos con él. La artista realiza un discurso sobre el silencio y la violencia enclavado en la ambigüedad de una escena que de pronto se torna virtual, lúdica y metafórica. Poco importa ahora si la ambulancia existe o no. Lo que es ineludible es el pedido de ayuda.
El auto circula a gran velocidad, pero ahora está vacío y la acción de recorrer impera sobre la de rescatar. El rescate emprendido por un conductor fantasma conduce a otro orden de peligro: el de detener la marcha. En la ciudad se perciben signos culturales propios de una urbe rica en arquitecturas, calles, negocios, y viviendas habitadas. La velocidad de algunas imágenes hace temer un desborde, de a poco se va regulando el ritmo al salir de la ciudad. Desde la carretera todo se aleja, la mirada capta el movimiento, la imagen barrida es contenida por ciertos límites, referentes fijos desde la ventana marcan un ordenamiento que rompe la monotonía.La ambulancia avanza ahora vertiginosamente a la deriva, aparecen borrones verdes en lugar de la imagen que ha perdido su forma. Como en una movie road hay que continuar circulando, la vida acelera su ritmo hasta que cae un cielo pesado de nubes blancas y grises. El día dio paso al anochecer y la cámara hace foco sobre un texto de color verde que reza: S.O.S.
Luego, el silencio y la oscuridad.
Es demasiado tarde debe pensar la artista... no hay salvataje posible. Habrá que vivir la experiencia. El movimiento no se detiene. Una ambulancia sin sirena busca a alguien para rescatar. Recorre la ciudad, sale a las carreteras, atraviesa pueblos, el campo abierto... y continúa su camino errante. Ya se adivina que no hay una meta, nada que indique un punto de llegada. Sólo la vida. Cada uno la recorre como puede y logra, o no, su propio rescate.